A finales de la Edad Media se construyó sobre un pequeño islote de la ría de La Coruña una capilla dedicada a San Antón, en la que se recogía a los navegantes enfermos. Posteriormente, Carlos I la convirtió en fortín para reforzar las defensas de la ciudad.
Desde comienzos del XVIII hasta 1960 hizo las funciones de prisión. Hoy en día es el Museo Arqueológico Municipal.